Entrevista a Lucas Martinelli-Por Rodrigo García

Lucas Martinelli se dedica a cantar canciones desde que tiene memoria. Para él, la música nunca fue un objetivo, una meta o un placer. Se trató, desde el comienzo, de un lenguaje, con el cual decir cosas y destilar emociones. Suena lógico entonces que cuando sobrevino la composición, lo haya hecho en forma de canciones íntimas, sinceras, en un lenguaje emotivo y sin pretensiones estilísticas más que el retrato de realidades, emociones y vivencias. 

Pasen y lean esta muy interesante entrevista:

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Hablemos de Lucas Martinell, como artista primero: ¿En que momento disidiste salir al mundo para que todes escuchen tus canciones?

Intento y sueño con hacer música desde muy joven, y siempre creí en el arte como un vehículo cultural y una herramienta de comunicación, así que desde el comienzo jamás dudé en mostrar lo que hacía al mundo, incluso cuando no creyera que fuera algo de calidad. Creo que el arte es un lenguaje y no sirve de nada si uno se lo guarda para sí mismo. En el caso de comenzar a tocar como solista, fue una decisión que vino después de un buen tiempo de participar en otros proyectos, cuando empecé a crecer como compositor y me di cuenta que prefería ser yo mismo quien tocara, cantara y sirviera de vehículo para esas expresiones, sin tener una dependencia o depender de los tiempos y los cambios de otras personas.

 Tu carrera recién empieza, ponele, y los sueños me imagino deben ser muchos… ¿Soñás a gran escala o vas viviendo el día a día y disfrutando cada momento?

Lo ideal, como en muchas cosas, es intentar encontrar un balance entre ambas. Proyectar, ansiar y soñar siempre es necesario, porque nos pone metas, nos hace mover los pies, y nos motiva a construir. Pero tampoco creo en anhelar excesivamente el futuro o las grandes cosas, porque es muy fácil perderse en la autoexplotación, la ansiedad y la frustración. La sociedad, hoy en día, alimenta todo el tiempo estas nociones de éxito o fracaso, y si te descuidas, pueden convertir todo en una competencia, y a las personas en seres muy amargados. Aunque mi propio entusiasmo a veces me traicione y me frustre, todos los días me esfuerzo por ver lo logrado, disfrutarlo y enorgullecerme por ello.

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Decís que te avergonzabas de tu lugar de origen, y después lo superaste. ¿Cuál fue ese proceso que tuviste que hacer para dejar de avergonzarte de tu barrio?

Fue un proceso largo, y algo natural. La pobreza trae muchas más consecuencias que la falta de medios o dinero. Una de ellas es la vergüenza. De algún modo, nos han inyectado la idea de que ser pobres es algo de lo que hay que avergonzarse, que es culpa nuestra. Y si bien uno sabe que no es así, no puede evitar sentir vergüenza cuando se topa con gente de otras clases sociales que ha logrado hacer cosas en la vida que uno nunca pudo o ni soñaría. En la música también sucede. He conocido músicos maravillosos que lo son porque han podido dedicarle la vida entera y muchísimas horas y dinero más que yo, que tenía que laburar todo el día y nunca tenía plata. Eso me hizo sentir vergüenza por mucho tiempo. Sentía que no era capaz de estar a la altura de ellos. Que nací pobre y estaba intentando hacer cosas que no eran para mí. Me daba vergüenza caer a tocar con un instrumento barato, o decir de dónde venía o de qué laburaba. Hasta que en algún momento me di cuenta que mi condición, más que ser un impedimento, podía aportarle cosas útiles a mi arte. Darme una visión de las cosas que los demás tal vez no tenían, o preferían no tener. Eso me activó un proceso interior y me comenzó a transformar la vergüenza en orgullo. Las cosas que viví son las que me tocaron, y aun así, todavía intento hacer música. De eso trata un poco mi nuevo disco.

Yo te entiendo porque vivo en un barrio de monoblocks en Boulogne y cuando me preguntaban donde vivía decía San Isidro… qué ridículo, ¿no? ¿Cómo has visto a este tipo de barrios con el correr de los los y las crisis?

¡Éramos casi vecinos! Yo soy de Sourdeaux, también en zona norte. Mirá, no sé si en tu barrio habrá sido así, pero en el caso del mío, y de muchos otros parecidos que conozco, el tiempo parece transcurrir de una forma distinta. Hoy en día voy de visita de vez en cuando y me encuentro con todo más o menos igual. La gente tiende a tener vidas más lentas, menos inmiscuidas en la actualidad de las cosas que pasan. Tienen una rara resignación. Los jóvenes se buscan un par de hobbies (El fútbol, el boliche, la PlayStation) y van por ahí durando. Los viejos, la tele, las charlas con los vecinos cuando van a hacer las compras, y ahí se quedan también. Por eso los cambios tardan tanto en llegar. Incluso aunque las crisis llegan enseguida, porque siempre impactan primero a los pobres, la reacción de la gente tarda muchísimo. Aumentan las cosas, y las pagan igual, resignados. Son poblaciones muy dormidas, donde cualquier distracción funciona muy bien, y por lo general no se les despierta ningún tipo de indignación activa hasta que es muy tarde.

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También decís que si la seguís peleando todo va a estar bien… ¿Vos en algún momento pensaste en bajar los brazos y decir de acá no me voy más?

Mil veces. Allá tenemos una frase que es que “El barrio te chupa.” Quiere decir que el barrio no es solamente un lugar: Es las oportunidades, las opciones, y las cosas que te brinda y te niega. El barrio es un sector social. Es distinto a cuando uno vive en una ciudad y tiene un abanico de posibilidades en la vida. Allá las opciones son muy pocas. Y cuando te empezás a querer ir te das cuenta que no vas a funcionar del todo bien en otro lado, porque el barrio no te dio las herramientas necesarias. Yo hoy en día vivo en la ciudad, y aun así es como que no te terminas de ir. Te sentís como sapo de otro pozo. Un pobre que se la está dando de porteño. El camino fácil siempre es la tentación de bajar los brazos y no irte. Resignarte a quedarte allá, o a volverte. Es una lucha constante. Cuando te vas seguís siendo el mismo pibe pobre de barrio, excepto que ahora la tenés que remar incluso más que antes. En cierto modo, esa lucha no termina nunca.

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Hablemos de “Sourdeaux”. ¿Cómo fue el proceso de grabación, y qué diferencias hubo en este disco con respecto al anterior: “Las guerras perdidas”?

Fueron dos procesos muy distintos. “Las Guerras Perdidas” es un disco muy pulido. Fue grabado en muchas etapas distintas, construyendo las canciones de a poco. Primero mis partes, por lo general guitarras y voces (Las que construían la canción en sí) y luego los distintos instrumentos que completaban los arreglos. Violines, cellos, pianos, bajos y baterías, percusiones, etc., y las canciones se fueron construyendo de una forma más clínica, eligiendo las mejores tomas, acomodando todo, poniendo y sacando cosas. Fue un proceso largo y exhaustivo. Esta vez quisimos hacer algo deliberadamente distinto: Concentrarnos en la espontaneidad de la música, ofrecer versiones más desenfadadas y menos pulidas, hacer un disco a la vieja escuela, y que las canciones hablen por sí mismas. Para ello, lo que hicimos fue lo opuesto al anterior: Nos encerramos una noche en Romaphonic, y grabamos todas las canciones ahí mismo. Toqué dos o tres veces cada canción, se eligió la mejor toma, y esa es la que quedó en el disco. No se corrigió ni editó nada, sólo se agregaron algunos pequeñísimos overdubs también esa misma noche. Las mezclamos, masterizamos, y  eso es lo que se escucha en el disco.

¿De Julio Cortázar que me podes decir?

Mas allá de que sea uno de mis escritores favoritos desde siempre, y una gran influencia en mi otra faceta artística, que es la escritura, hay una razón muy específica por la cual uno de sus libros figura en la portada de “Las Guerras Perdidas” y tiene que ver justamente con toda la cuestión del barrio: Ese libro fue uno de los primeros que leí de chico. Era una edición barata que venía con el diario. Y leerlo fue uno de los primeros recuerdos que tengo sobre mi mente comenzando a abrirse a las expresiones artísticas y a todo esto que hoy es central en mi vida. Hoy en día me dedico bastante a la escritura también (de hecho, junto con mi último disco saqué un pequeño fanzine con textos complementarios) y puede que todo sea gracias a ese libro.

¿Qué buscaste con la producción de Paulina Chiarantano”?

Fue un trabajo conjunto que nos cerró por muchos lados. Paulina no sólo tiene muchísimo conocimiento técnico (ya que si bien queríamos una producción espontánea, la idea era que tenga un audio de calidad) sino que también tiene una ética de trabajo que se complementa mucho con la mía, y me mantuvo los pies en la tierra y con metas muy concretas durante el proceso. Además, ella pasó por una situación de vida muy similar a la mía, entonces entendió a la perfección lo que quería transmitir en el disco, y cómo. Incluso compositivamente fue importantísimo para mí tener su input, ya que el disco trataba de unas cuestiones tan personales, que precisaba de la visión y el criterio de otra persona para no terminar haciendo algo que sólo entendiera yo.

Contanos la historia de la canción “Cine Maipú” devenido en supermercado Chino y no en Iglesia… y además, ¿quién era ese cantante que tocó por última vez?

Esa es una historia real tal cual como se escucha en la canción. El Cine Maipú era el cine que teníamos en el barrio cuando yo era chico. Era de esos cines pequeños y familiares que había antes de que llegaran las grandes cadenas y los shoppings, y era básicamente el único acceso a la cultura que teníamos además de la televisión. Para cuando yo nací el cine ya andaba con dificultades económicas y había empezado a operar también como teatro y como lugar para recitales. Y así fue que una vez mi viejo me llevó a ver a un cantante que tocaba ahí, y el tipo detuvo el show en un momento, para contarnos que esa era la última vez que el cine iba a estar abierto, porque cerraría para siempre al día siguiente. Yo en aquel momento no me dí cuenta, pero de grande entendería que aquello fue parte de todo un embate contra la cultura que fueron sufriendo los barrios, que de a poco se quedaron sin bibliotecas, cines, teatros, centros culturales y demás. Parece que los  pobres tienen que morirse trabajando, y no necesitan de esas cosas que los distraigan o eduquen.

La cuestión es que ese recuerdo y lo que significó para el barrio y para mí, me quedó siempre guardado. La identidad de aquel cantante es un secreto que guardamos mi viejo y yo. Al menos hasta que aparezca otra persona que haya estado ahí esa noche jajaja.

¿Para cuándo la presentación oficial del disco?

Aunque no sé si llamarla “presentación oficial”, porque no suelo hacer presentaciones de ese tipo,  el 12 de junio a las 21hs. voy a estar tocando junto a los chicos de Sobreviento, en El Surco, un Centro Cultural muy lindo de Boedo, y con una entrada muy barata y acorde a los tiempos que corren. La info está dando vueltas en mis redes sociales. Seguramente suene el nuevo disco entero, y algunas canciones del anterior también. Traeremos un poco del barrio a la ciudad.

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