Un experimento llamado Sig Ragga

Por Rodrigo Garcia

Sig Ragga sin duda no es una banda de rock convencional, la agrupación oriunda de la provincia de Santa Fe, que lleva casi 20 años de carrera,  dio un show impecable en un Teatro Vorterix repleto.

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La impresión de que iba a ser un show diferente, la tuve apenas se corrió el telón del teatro, y los 4 músicos: Gustavo “Tavo” Cortés – Voz, Teclados/Ricardo “Pepo” Cortés – Batería, Coros/Juanjo Casals – Bajo y Nicolás González – Guitarra y Coros;  aparecieron vestidos de punta en blanco de los pies a la cabeza literalmente, ya que tenían una mezcla entre unos “monjes galácticos” y aquella entrañable película de extraterrestres llamada: “Coneheads” de Dan Aykroyd, pero sin sus cabezas de conos.

Otra de las cosas que me llamaron la atención al verlos, fue que extrañamente los 4 estaban apostados sobre las tablas en fila, la batería a la altura de los otros músicos, bien al frente del escenario y no en el fondo como tradicionalmente vemos en todos los conciertos.

“Tavo” Cortés solo se dedico a cantar y emitir sonidos desde sus teclados, y en ningún momento dijo una sola palabra; las primeras “rolas” en sonar fueron: “Orquesta en descomposición”, “El Niño del Jinete Rojo” y ”Puntilla if Kaffa”.

El juego de luces fue también fundamental, la batería de “Pepo” Cortés tenía sus cuerpos transparentes y las luces verdes le daban un toque muy especial.

La noche continuó con: “Invocación”, “Chaplin”, “Quise ser” y “En un abrir y cerrar de noches”.

El reggae de Sig Ragga no es el clásico estilo Jamaiquino ya conocido, ellos imprimen su propio sello, exploran géneros como el son cubano, ritmos africanos, latinoamericanos y jazz, y los combinan con el Reggae como base de ejecución y composición.

Por momento sobrevolaba por el Vorterix el espíritu de Luis Alberto Spinetta, en la época de Almendra. Sin respiro las canciones llegaban una tras otra: “Pensando”, “Escalera y barco” y una maravillosa versión de “Resistencia Indígena”.

Los Sig Ragga, plantean una interesante propuesta visual, musicalmente son impecables, sin una falla en todo el show.

Debo reconocer que llegué al Vorterix con cierto prejuicio hacia la banda, esperando ver un show que mucho no me iba a dejar, y la verdad que fue todo lo contrario lo que me pasó en esa hora y media, que fue condimentada con un poco rock, reggae y  ska.

Tampoco faltaron a la cita las siguientes canciones: “Continuidad de lo indecible”, “Severino Di Giovani”, “Cuchillos”, “Lo que has hecho siempre: quererme” y “En el infinito” coreado por todos sus fans, que llenaron las instalaciones del teatro del barrio de Colegiales.

Antes de irse a un pequeño receso de despacharon con: “Tamate” y “Feliz”. Volvieron y tocaron las últimas dos: “Rebelión de los esclavos técnicos” y “Matatata”. Así terminaba una noche distinta, sorprendido por lo que acaba de ver y sentir. Sig Ragga tiene eso, te deja boquiabierto de principio a fin. Me pareció que su público quedo con ganas de un poco más. Yo me fui conforme.

Y con la certeza experimentar cosas nuevas, siempre trae sus frutos.

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Fotos: Gabriela Duarte

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