No ilumines que oscurece

No me mueve un pelo La Renga, como no me mueven un pelo Los Piojos, Los Redondos, Callejeros (me toco un huevo al escribir), y todas las bandas de “rock” que me muestren. Y aunque algunas de sus canciones estén buenas, y algunos de sus integrantes sean “grandes músicos”, solo muy en pedo, o en un día extremadamente estúpido, me contagiarían algo.

Esas bandas y todas las que imaginen. Porque en su público baila el familiar careta, el adolecente excitado y el barrabrava. Porque suenan en Kosiuko, Farmacity y en el acto de la escuela. A los policías también les gusta. Y son los que me piden que baje el volumen.
Resulta que ahora todos son rockeros. Como a todos les gusta el fútbol. Es que el rock está muerto, tan podrido como la pelotita recontramanchada, y como ahora la peste se aproxima a las bibliotecas. Todo lentamente se va quemando, avanzando en una sociedad que está hecha mierda.
Por eso un pelotudo prende una bengala en un recital. Como el gil que se pasa el partido entero trepado de espaldas en el paravalanchas. Como el “todo es arte” se infiltra en las últimas trincheras. Se le para el pito cuando en la semana va tramando comprar la bengala. La esconde orgulloso en la mochila y ya está viajando al recital. Se siente el Diego con la diez en el vestuario azteca, esperando para salir a gambetear a Margaret Thatcher y todos sus soldados. ¡Mierda que se le para el pito!
Apunto del coma lácteo, que no lo deja pensar, escucha que suena “San Miguel”, y sospecha como Homero Thompson. Cuando termina de darse cuenta se le pasó el tema, pero la prende igual. Después de La Renga homenajeando a Miguel “Keko” Ramírez que murió por una bengala, el pancho este prende la suya, goza, goza, goza, goza, y acaba con la voz de Chizzo diciéndole que es un estúpido. Pero se lo dice con mucha altura, y con tanto cuidado para que nadie lo mate.
Termina bien. Podría haber sido con algún muerto. Quizás el idiota buscaba inmortalizarse en alguna canción de la banda. Lo seguro es que ya regresó a su casa, y andará contándole orgulloso a alguien: “Yo fui el que prendió la bengala en el recital de La Renga”.

Cualquier similitud entre el texto y la discusión de más abajo, es pura casualidad

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